Por Angelica Sciumbata
En el campus de CIS University, el aprendizaje de idiomas va más allá del horario académico. El Programa de Intercambio de Idiomas (Language Exchange Program, o LXP), dirigido por la profesora Tracy Wood, reúne a alrededor de 100 estudiantes de todo el mundo para practicar idiomas, compartir culturas y entablar amistades con el objetivo de fomentar la cohesión dentro de la comunidad universitaria.
El programa surgió como una iniciativa para emparejar a estudiantes hispanohablantes con los estudiantes de Endicott College que llegaban a CIS University por uno o dos semestres. Desde entonces, ha evolucionado hasta convertirse en un proyecto mucho más amplio. Cada semestre, más estudiantes se inscriben en el programa, haciéndolo cada vez más diverso y estructurado.
«Si el idioma es el objetivo principal del programa de intercambio lingüístico, la cultura y la amistad son objetivos secundarios. Por lo tanto, no se trata únicamente del idioma», afirmó la Dra. Tracy Wood, coordinadora del Language Exchange Program. En la actualidad, la iniciativa incluye 11 idiomas: inglés, español, francés, italiano, neerlandés, sueco, ruso, árabe, portugués, chino y lengua de signos americana (ASL).
Los estudiantes se inscriben a través de un formulario en el que indican los idiomas que hablan y los que desean aprender. Posteriormente, Wood empareja cuidadosamente a los participantes, procurando unir a estudiantes con objetivos complementarios. Una vez asignadas las parejas, los participantes comienzan a reunirse regularmente en el campus, alternando entre ambos idiomas. Además, si se respetan las normas del programa, los estudiantes pueden obtener hasta un 5 % de créditos adicionales en asignaturas de comunicación o idiomas. Sin embargo, aunque el crédito extra suele ser la principal motivación inicial, los estudiantes destacan beneficios más profundos: han hecho nuevos amigos, han ampliado sus perspectivas y se sienten más integrados en la comunidad universitaria.
Los estudiantes Paula Ruiz y Damascus Shields, una de las parejas del programa, practican este semestre español y ASL. Para ellos, el intercambio se convirtió en un espacio de aprendizaje mutuo y descubrimiento. Paula se unió para explorar la lengua de signos americana y, al mismo tiempo, obtener créditos adicionales, mientras que Damascus buscaba mejorar su español y «poder enseñar un idioma que no se imparte habitualmente».
«Principalmente aprendimos cosas que nos interesaban. Yo quería aprender signos básicos para poder comunicarme en el futuro con alguien que utilice ASL», explicó Paula. «Cuando trabajábamos en español, repasábamos los temas que no entendía en mi clase de español», añadió Damascus. Ambos disfrutaron mucho del programa y lo consideraron muy útil. «Realmente me ayudó mucho», afirmó él. «Ojalá hubiéramos tenido más tiempo, porque me habría encantado aprender más», concluyó Paula.
Otra pareja, Caesar Randquist y Daniela Rubio, trabajó con los idiomas español y sueco. Caesar solicitó participar para mejorar su español y comunicarse mejor en la vida cotidiana; por su parte, Daniela quería aprender un idioma completamente nuevo y conocer a nuevas personas. «Lo recomendaría principalmente por dos razones: puedes aprender un nuevo idioma y hacer nuevos amigos», comentó Caesar. «Antes de participar en el intercambio lingüístico no nos conocíamos, así que conocerlo fue una parte adicional muy positiva de la experiencia», añadió Daniela.
Aunque el crédito adicional puede atraer a muchos estudiantes al programa, lo que realmente los mantiene implicados va mucho más allá de las calificaciones. A través de conversaciones, risas y curiosidad, no solo mejoran sus habilidades lingüísticas, sino que también construyen puentes entre culturas. El Programa de Intercambio de Idiomas une a estudiantes de distintos países, y su verdadero éxito reside en cómo genera cohesión y aprendizaje dentro de la comunidad universitaria.